Tepeji del Río, un gobierno con visión social y cimientos sólidos: Tania Valdez Cuellar
Tepeji del Río de Ocampo es un municipio ubicado al sur del estado de Hidalgo, cuya población supera los 90 mil habitantes. Su territorio se distingue por una marcada vocación industrial y por su cercanía estratégica con el Valle de México, una condición que lo coloca en un punto clave de conectividad económica y logística en la región. En una mañana fría, cuando el aire todavía conserva el aliento de la madrugada y el sol apenas comienza a abrirse paso entre el cielo gris, la cita ocurre en el Rancho La Herencia. Ahí, en medio de un ambiente tranquilo y alejado del ritmo urbano, nos espera la presidenta municipal, Tania Valdez Cuellar, una mujer de retos y desafíos que pretende dejar huella en su paso por el ayuntamiento.
El equipo de Líderes Políticos muy de mañana se dirigió al municipio tepejano, una región en franco crecimiento, con historia, cultura y naturaleza, que es habitado por gente cálida, que ofrece un saludo sincero y desde muy temprano trabaja incluso desde antes que salga el sol.
Ya nos esperaba sentada frente a una mesa sencilla, con el paisaje del rancho como telón de fondo, Valdez comenzó recordando el momento en que asumió la presidencia municipal. Para ella, gobernar Tepeji del Río no ha sido un simple encargo administrativo, sino una responsabilidad histórica. Lo dice con la convicción de quien sabe que las decisiones públicas no se toman a la ligera, sino sobre realidades concretas. Gobernar, asegura, es más que administrar recursos, es conducir un proyecto de transformación.
La alcaldesa no evade los temas difíciles. Reconoce que el municipio no se recibió en condiciones fáciles. Habla de una administración que se encontró con problemas financieros, desorden institucional y rezagos en infraestructura. La descripción es clara, endeudamiento, prácticas administrativas cuestionables y una evidente falta de planeación estratégica. Ante ese panorama, el primer paso —explica— fue poner orden.

La reorganización administrativa se convirtió en una prioridad. Revisar cuentas, establecer mecanismos de control y sanear las finanzas públicas fue, según su relato, la base para iniciar cualquier proyecto de desarrollo. “No se puede avanzar sin antes ordenar la casa”, repite con insistencia. Ese proceso, dice, también implicó recuperar la confianza ciudadana, un capital político que no se construye con discursos, sino con resultados y disciplina administrativa.
Mientras el sol se posiciona más alto sobre el rancho, la conversación fue encausada hacia el Plan Municipal de Desarrollo. A casi la mitad de su administración, Valdez sostiene que el documento no es un simple requisito administrativo, sino una guía real de gobierno. Afirma que los cinco ejes del plan se han convertido en una hoja de ruta para las decisiones públicas.
Las obras, los programas sociales y la modernización administrativa, dice, responden a una planeación alineada con los planes estatal y federal. No se trata de acciones aisladas, insiste, sino de una visión integral de desarrollo. La participación ciudadana también aparece en su discurso como un elemento central. Según explica, la priorización de obras se ha realizado escuchando directamente a las comunidades.
En la política municipal, tres años suelen parecer poco tiempo para resolver problemas acumulados durante décadas. La presidenta lo reconoce sin rodeos. Un trienio, dice, permite sentar bases, ordenar procesos y encaminar proyectos estratégicos, pero no necesariamente transformar por completo una realidad estructural.
La reflexión no parece improvisada. “Los problemas estructurales no se crean en tres años”. Por lo tanto, tampoco pueden resolverse completamente en ese mismo periodo. Lo importante, subraya, es dejar cimientos sólidos, institucionalizar buenas prácticas y proyectar una visión que trascienda los ciclos políticos.

Ataviada en un traje sastre color vino y una blusa blanca, expone permanentemente una sonrisa que la proyecta de manera empática. Cuando habla de Tepeji, se le ilumina la mirada, se nota que tiene el deseo de trascender, que quiere seguir creciendo políticamente, pero también conoce de tiempos y formas, y está dispuesta a esperar su momento.
La conversación inevitablemente llega al terreno de las aspiraciones políticas. En un contexto donde la reelección municipal es una posibilidad, Valdez responde con cautela. Dice estar concentrada en concluir su mandato con responsabilidad y resultados tangibles. Las decisiones sobre el futuro, insiste, deben tomarse en su momento y con madurez política.
En el fondo, la respuesta parece reflejar una lógica frecuente en la política mexicana, evitar adelantarse a los tiempos. La prioridad, afirma, es cumplir con la ciudadanía que confió en su proyecto. No se precipita, sabe lo que quiere y hacia donde va. Conoce de la importancia de guardar las formas.
Uno de los temas que más tiempo ocupa en la conversación es el de infraestructura municipal. Tepeji del Río arrastra rezagos históricos que no pueden resolverse con rapidez. La insuficiencia presupuestal limita la ejecución de proyectos de gran escala, reconoce la alcaldesa. Aun así, explica que se ha buscado priorizar obras estratégicas capaces de generar impacto social y económico.
Entre los proyectos más relevantes menciona tres. El primero es un programa de apoyo para personas con Enfermedad Renal Crónica, una iniciativa que intenta responder a una problemática de salud particularmente sensible en la región. El segundo es el modelo de planeación democrática de obra pública, mediante el cual la ciudadanía participa en la definición de prioridades. Y el tercero es el puente de La Romera, una obra de infraestructura que, según explica, representa un punto clave para la conectividad del municipio.
Toma un sorbo de café, el cual estuvo abrazado con sus manos para mantener calor, no deja de mirar hacia la puerta del rancho, pareciera que espera visitas, echa un vistazo a su teléfono y se reanuda la charla con una sonrisa amplia. Quiere seguir charlando sobre su administración.

Para Valdez, el legado de su administración no debe medirse únicamente en concreto o acero. Habla más bien de construir una administración ordenada, honesta y con visión social. Le gustaría, dice, ser recordada como una presidenta municipal que priorizó el bienestar colectivo sobre intereses particulares.
El tema de su trayectoria política aparece inevitablemente. Ha sido diputada local, regidora y ahora presidenta municipal. Esa experiencia, reconoce, le ha permitido entender mejor las complejidades del servicio público. Sin embargo, evita hablar abiertamente sobre aspiraciones futuras como una diputación federal o incluso la gubernatura del estado.
Sigue firme en su respuesta, prefiere no adelantar ningún panorama que la comprometa y opta por ser firme con su responsabilidad institucional. Las aspiraciones personales, dice, no pueden colocarse por encima del compromiso con el cargo actual.
Mientras la mañana avanza, el Rancho La Herencia ya no tiene rastro del frío inicial. El sol domina el paisaje y la conversación entra en su recta final. La alcaldesa habla de la percepción ciudadana hacia su gobierno. No se aventura a declarar niveles de aprobación, pero sostiene que la aceptación se construye todos los días en territorio.
Entrelaza las manos, cruza la pierna, hace un ligero movimiento en sus ojos, como tratando de encontrar una respuesta de su sentir sobre la importancia de mantenerse cerca de la gente. Toma un trago de café, aprieta los labios y finalmente expresa:
“La cercanía con la gente, la presencia constante en comunidades y el diálogo directo han sido pilares de mi forma de gobernar. Esa interacción cotidiana, ha permitido reconstruir la relación entre gobierno y ciudadanía”.

Tania Valdez desea afianzar su gobierno con acciones concretas, cercano al territorio y abierto al diálogo, aceptando los desafíos de su encargo, pero con sus capacidades puestas en resolver las demandas ciudadanas.
Antes de concluir, Valdez menciona y presume el trabajo del gobernador de Hidalgo Julio Menchaca. Reconoce avances en infraestructura y desarrollo bajo la narrativa estatal de que “Hidalgo es potencia en marcha”, aunque subraya que cualquier proyecto de gobierno debe mantener como principio central poner siempre primero al pueblo.
Suena una campana que a todos los presentes tomó por sorpresa, el fotógrafo casi tira la cámara provocando una risa colectiva que duró varios segundos. Era el anuncio de la llegada de algún visitante. De inmediato las personas trabajadoras de la hacienda corren a quitar el pasador de la puerta para que ingresara una camioneta que ya esperaba impacientemente.

Un hombre de sombrero de estatura media, bajó unas charolas que de inmediato puso sobre la mesa. Sopes, morelianas, tamales y el platillo típico de Tepeji, los manguises, una comida ancestral de la región que se distingue por su cocción en horno de piedra. Puede prepararse con carne de res, pollo, carnero o cerdo, envuelto en penca de maguey.
La entrevista termina como comenzó, en un ambiente tranquilo, lejos del ruido de la política cotidiana. El sol cae de lleno sobre el Rancho La Herencia y el frío de la mañana parece ya haber quedado en el recuerdo.
Antes de despedirse, la presidenta municipal lanza un último mensaje que resume su visión política: “la transformación no es obra de una sola persona, sino de una comunidad organizada”.
“Gracias por su visita, aun tenemos mucho por hacer, pero por lo pronto es momento de hacer una pausa y degustar de estos platillos que con todo gusto preparamos para ustedes, gracias por la entrevista”.
